La reactivación de Puerto Rico por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos Por Sonia Santiago Hernández, Ph.D.
Por Sonia Santiago Hernández, Ph.D*
Puerto Rico atraviesa un proceso acelerado y preocupante de reactivación militar impulsado por las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos bajo distintos programas, ejercicios operativos, reutilización de instalaciones militares y expansión estratégica en el Caribe. Este proceso ocurre sin consulta democrática al pueblo puertorriqueño y en un contexto colonial que limita la capacidad del país para decidir sobre su propio territorio.
La creciente presencia militar estadounidense no constituye un fenómeno aislado, sino parte de una reorganización geopolítica regional que posiciona nuevamente a Puerto Rico como plataforma militar estadounidense en el Caribe y América Latina.
Puerto Rico como enclave militar histórico
Desde la invasión estadounidense de 1898, Puerto Rico ha sido utilizado como pieza estratégica para la proyección militar en el hemisferio. Bases como Roosevelt Roads (Ceiba), Base Aérea Muñiz (Carolina), Camp Santiago (Salinas), Ramey (Aguadilla), Campamento Tortuguero ( Vega Baja), Fuerte Allen ( Juana Díaz), estación de radio base naval Sábana Seca (Toa Baja), Vieques y Culebra (históricamente utilizadas para bombardeos).
Esta usurpación de nuestro territorio nacional demuestra un patrón histórico donde el territorio puertorriqueño ha servido prioritariamente a intereses militares del imperialismo estadounidense, a costa de la salud ambiental, la seguridad comunitaria y la autodeterminación del país.
Aunque algunas instalaciones fueron oficialmente cerradas tras luchas comunitarias, muchas permanecen bajo control federal o en procesos que facilitan su reutilización militar.
Nuevas manifestaciones de remilitarización
En años recientes se observa:
· Incremento de ejercicios militares y movilizaciones de tropas en espacios públicos.
· Uso continuo de infraestructura previamente militarizada bajo programas federales.
· Expansión de operaciones de la Guardia Nacional y reservas militares.
· Impactos sociales y ambientales Reconfiguración estratégica del Caribe ante tensiones geopolíticas regionales.
· Normalización de convoyes militares y maquinaria pesada en carreteras civiles.
Estas acciones contribuyen a una militarización cotidiana, donde la presencia armada se presenta como rutina administrativa o preparación ante emergencias, ocultando su dimensión estratégica.
La experiencia histórica demuestra que la militarización produce consecuencias profundas como:
· Contaminación por metales pesados, hidrocarburos y otros contaminantes producto de décadas de combustibles, solventes químicos, explosivos y municiones.
· Aumento de enfermedades en comunidades cercanas a instalaciones militares.
· Restricción del acceso a tierras y costas.
· Desplazamiento de residentes y privatización de terrenos.
· Normalización cultural de la guerra entre la juventud.
Las comunidades de Vieques y Ceiba constituyen ejemplos emblemáticos de los efectos duraderos del uso militar del territorio. Vieques tiene una tasa de 26% de cáncer más alta que la Isla Grande.
Dimensión geopolítica del Caribe
La remilitarización debe entenderse dentro de un contexto mayor:
· Competencia estratégica global en el Caribe. Control de rutas marítimas y aéreas.
· Vigilancia regional y proyección militar hacia América Latina.
· Preparación para intervenciones o conflictos internacionales.
Puerto Rico vuelve a ser concebido como portaaviones territorial, sin que su población tenga poder decisional sobre tales usos.
El problema democrático y colonial
El pueblo puertorriqueño no posee soberanía plena sobre su territorio. La militarización se impone mediante estructuras coloniales que excluyen consultas vinculantes, limitan la fiscalización local y subordinan intereses comunitarios a prioridades militares federales.
Esto representa una contradicción fundamental con los principios internacionales de autodeterminación de los pueblos.
La resistencia del pueblo puertorriqueño ante el militarismo
Frente al proceso de remilitarización del archipiélago, el pueblo puertorriqueño ha reafirmado una larga tradición histórica de resistencia civil, antimilitarista y pacifista. Desde las luchas contra el Servicio Militar Obligatorio, contra la Guerra en Vietnam, por los bombardeos en Vieques y Culebra hasta las movilizaciones contemporáneas contra la expansión militar estadounidense, las comunidades han demostrado que la defensa del territorio y de la vida constituye un compromiso colectivo profundamente arraigado.
Desde septiembre de 2025, diversas organizaciones comunitarias, movimientos sociales, grupos religiosos, estudiantes, veteranos y familias puertorriqueñas han realizado una serie sostenida de protestas, vigilias y piquetes frente a instalaciones militares activas y antiguas bases utilizadas por las fuerzas armadas de Estados Unidos.
Entre estas acciones destacan:
Manifestaciones frente a la Base Aérea Muñiz en Carolina, denunciando la utilización de Puerto Rico como plataforma de operaciones militares regionales.
Protestas frente a las instalaciones de Roosevelt Roads en Ceiba, base Buchanan en Guaynabo, la base aérea Ramey en Aguadilla, la base aérea Muñiz en Carolina y el Fuerte Allen en Juana Díaz, reclamando transparencia sobre el uso actual de terrenos federales y denunciando el desplazamiento de comunidades y la continuidad de estructuras militares.
Hemos hecho movilizaciones frente a todas esas bases militares, señalando los impactos ambientales y la persistencia de ejercicios militares en zonas cercanas a comunidades civiles.
Actividades educativas, vigilias por la paz y actos de desobediencia civil simbólica en distintos municipios del país, así como manifestaciones frente a centros de reclutamiento militar.
Estas manifestaciones han sido convocadas principalmente por Madres contra la Guerra, junto a organizaciones solidarias y ciudadanos comprometidos con la defensa de la paz y la desmilitarización del Caribe. Las protestas han incluido consignas, comunicados, diálogos y conversatorios en escuelas y comunidades, orientación pública sobre todo lo arriba expuesto y sobre la objeción por conciencia, derecho de los militares a no ser cómplices en la milicia, llamados a los miembros de las fuerzas armadas puertorriqueñas a reflexionar sobre su papel en conflictos internacionales.
Lejos de representar acciones aisladas, estas movilizaciones constituyen un proceso continuo de organización social que busca visibilizar la relación entre colonialismo, la militarización y crisis social. La presencia constante de ciudadanos frente a instalaciones militares reafirma que existe un sector amplio del país que rechaza la normalización de la guerra como política pública.
La resistencia puertorriqueña se fundamenta en principios de:
· no violencia activa,
· derecho a la libre determinación de Puerto Rico, defensa del derecho internacional, solidaridad entre los pueblos,
· protección ambiental,
· y afirmación del Caribe como zona de paz.
Estas acciones continúan una tradición histórica en la cual la movilización ciudadana ha logrado importantes victorias, demostrando que la organización comunitaria puede limitar la expansión militar y abrir espacios para la justicia ambiental y la autodeterminación
Llamado a la desmilitarización
Ante esta realidad, denunciamos:
· La expansión silenciosa de la infraestructura militar en Puerto Rico.
· La utilización del país como plataforma estratégica sin consentimiento democrático. Los riesgos ambientales y sanitarios derivados de actividades militares.
· La normalización de la presencia armada en la vida civil. Exigimos:
· El cierre definitivo de las bases e instalaciones militares de Estados Unidos en Puerto Rico, transparencia total sobre operaciones militares en Puerto Rico.
· Evaluaciones ambientales independientes.
· Participación comunitaria vinculante.
· Desmilitarización del territorio.
· Limpieza total y remediación de terrenos y acuíferos contaminados por las instalaciones militares.
· Respeto al derecho del pueblo puertorriqueño a decidir su futuro.
Conclusión
La paz no puede construirse sobre la militarización permanente de un país sin soberanía. Puerto Rico merece un futuro basado en la justicia social, la salud ambiental y la convivencia pacífica, no en la preparación constante para la guerra.
La remilitarización del archipiélago constituye no solo un problema nacional sino una amenaza a la estabilidad del Caribe como zona de paz.
*Portavoz, Madres contra la Guerra
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