Empresas cooperativas y economía de mercado (Segunda parte)
Empresas cooperativas y economía de mercado es uno de los textos centrales de la Teoría Económica Comprensiva desarrollada ampliamente por el principal teórico de la economía solidaria, Luis Razeto Migliaro. Con el propósito de generar reflexión crítica de una de las formas de hacer actividad económica, comencé a presentar algunas ideas del texto de Razeto que nos pueden ayudar a dar un salto evolutivo en el desarrollo y perfeccionamiento de la propuesta cooperativa. En esta segunda parte concluyo con esa mirada crítica.
A modo de repaso, el artículo anterior terminó presentando las siguientes dos ideas; la del economista del Massachusetts Institute of Technology (MIT) Otto Scharmer, la cual sostiene que “la calidad de los resultados producidos por cualquier sistema depende de la calidad del conocimiento desde el que la gente del sistema opera” y la segunda que es una de las maravillosas metáforas de Jesús cuando sostiene, “Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres, y el vino se derramará, y los odres se perderán. Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar” (Mateo 9;17). En esta articulo profundizamos ambos pensamientos.
Deconstruyamos el pensamiento del economista de MIT. Los resultados que se produzcan dependen del conocimiento previo de quienes hagan la tarea o la gestión. No importa lo que sea, ni que se trate de esconder detrás de la neutralidad de la gestión, pues se está ejecutando la misma desde una lógica. Incluso en la ciencia lo que se hace está atravesado por quien lo hace. Algo se transfiere en el proceso.
En una empresa cooperativa se requiere un cooperativista como bien decía el sacerdote español Don José María Arrismendiarieta, fundador del proyecto de Mondragón. Lo decía de la siguiente forma, “antes que cooperativas, se necesitan cooperativistas”. Y no se trata de saber los valores y principios de memoria. Por que como diría Juan Bobo, no todo lo que trepa poste es electricista. Ni todo lo que tiene antena es televisor. Podemos fundar cooperativas, pero ¿desde que conocimiento? ¿desde el conocimiento previo que tenemos? ¿sin pasar por el ojo de la aguja como lo dijo Jesús o lo propone incluso, la Teoría U que desarrolló el MIT? ¿o echando el vino nuevo en odres viejos?
Cuando se contrata a un/a gerente, director/a, CEO o como se le quiera llamar, lo que va a realizar y su ejecución la va a llevar a cabo desde los paradigmas o del conocimiento que tiene sobre esa función. Va a aplicar un conocimiento previo el cual adquirió en la universidad o en donde se formó. Y donde se formó adquirió un conocimiento en particular. Se formó a partir de ciertas ideas y un cuerpo teórico particular. Y sabemos que, en la mayoría de las escuelas de empresarismo, administración de empresas, economía y demás, no se enseña ni economía solidaria ni cooperativismo. En el mejor de los casos se menciona como algo marginal. Por tanto, ¿podemos hacer cooperativas sin cooperativistas? Don José María estaba claro cuando decía, “antes que cooperativas, se necesitan cooperativistas”.
Entonces, ¿qué conocimiento va a aplicar ese/a gerente, director/a, CEO o como se le quiere llamar a la tarea que va a realizar? La calidad de los resultados producidos por esa cooperativa depende en parte de ese modo de entender lo económico y lo empresarial de quienes dirigen la empresa cooperativa. Y es importante decir, sin que nadie se espante, que no importa que recite los valores y principios cooperativista si no hay un proceso de conversión, de cambio, de rechazar el saber anterior para entonces integrar el nuevo saber, esa persona va a aplicar el conocimiento que ya sabe.
Una cooperativa tiene que operar en el mercado actual como lo que es; una empresa que tiene otra teoría económica que le explica y sostiene. Y esa identidad cooperativa se expresa en la integración de la solidaridad en su ciclo económico (producción, distribución, consumo y acumulación) y en la forma en que combina los factores productivos (gestión, medios materiales, trabajo, tecnología, capital y solidaridad).
¿Desde qué lógica mide su rentabilidad y resultados? ¿Dónde integra las métricas e indicadores propios de la cooperativa? En sus políticas laborales, en la forma en que gerencia (usa el poder) y administra, en sus compras de insumos y materias primas, en la forma en que trata el trabajo y al/la trabajador/a, en la forma en que usa un saber (tecnología), en el uso del dinero (inversiones, financiamientos que otorga, etc), en su impacto ambiental cuando realiza su ciclo económico y en las actividades que realiza al interior de la empresa para generar la sinergia y fuerza transformadora que brota de la solidaridad. Cuando integra métricas propias para operar desde esta otra lógica estamos en la presencia de una cooperativa que es dirigida por cooperativistas.
Lo resumo en esta comparación un tanto simplista, pero fácil de entender: no le pidamos al árbol de aguacates que nos dé chinas porque no es posible. No es que sea malo el árbol de aguacate, es que lo que puede darnos es aguacates y no chinas. Si quiere chinas, tiene que sembrar chinas.
Vayamos a la otra cita del pasaje bíblico antes citado en el que Jesús señala que para vino nuevo se requiere odres nuevos porque de lo contrario los odres reventarán y el vino se perderá.
Los tiempos actuales requieren un nuevo sujeto para una nueva cooperativa que se diferencie de las otras formas de entender lo económico y de entender lo empresarial. De lo contrario, seguiremos reproduciendo lo mismo, aunque creamos que somos diferentes. La pregunta que surge es, ¿y cómo hacemos esto? Se requiere conversión. Parecido al concepto de algunas religiones. No de esas que no tienen profundidad ni teológica ni religiosa.
En su carta encíclica, Magnifica Humanitas sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, el Papa León dice “en abstracto, esta, en sí misma, no es una solución a los problemas de la humanidad, como tampoco es un mal en sí misma; pero, concretamente, no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza” (el énfasis es nuestro). Igual sucede con una empresa; toma el rostro de quien la concibe.
Por conversión me refiero a alguien que revisó los conocimientos previos con los que aprendió economía, mercado, empresarismo, empresa privada, libre empresa, libre mercado, rentabilidad, etc. Ese conocimiento previo requiere revisarlo, vaciarlo y adquirir un nuevo saber. Razeto, en este texto y en otros, redefinió cada uno de estos términos económicos. Ya presentaré algunos de estos nuevos acercamientos trabajados en otros textos centrales de la teoría económica comprensiva que elabora Razeto. Se trata de un nuevo conocimiento… para que podamos echar el vino nuevo cooperativo en odres nuevos.
Los tiempos exigen nuevas propuestas para una economía humana y humanizadora. La actual, atenta contra todas las formas de vida. La cooperativa es una propuesta que puede o no ser nueva.
Sobre Nelson Reyes Del Valle
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