Scherezada    

 Scherezada    

Puedo asegurar con toda honestidad y certeza que conozco cada rincón de Puerto Rico, desde los más horrendos hasta los más bellos. Ocurre que reconozco todos los lugares por donde paso y de muchos guardo historias. Eso lo debo a tres décadas como reportera y, como consecuencia, seguir a la mayoría de los gobernadores de esta Isla en sus campañas eleccionarias o en sus proyectos para mantener oído en tierra con el pueblo. De estos, los que más sacaban la nariz de la Fortaleza eran Pedro Rosselló González, Sila María Calderón Serra y Aníbal Acevedo Vilá.

Rosselló disfrutaba ese contacto con el pueblo, se le veía cómodo entre sus seguidores y buscaba sus afectos. Era guapo, lo sabía y sacó provecho de eso. No voy a repetir aquí los comentarios de algunas de sus fanáticas, mientras esperaban su llegada a la actividad, por pudor pero muchas viejitas y otras no tanto empujaban en la fila para llegar hasta él y tocarlo como si se tratara de una estrella del rock.

Calderón era más puntillosa pero no por eso menos cariñosa con su gente. En ocasiones no disimulaba su sorpresa con algunas situaciones como la chica con par de niños a cuesta a la que le preguntó “y ¿¡todos esos niños son tuyos!?” Era regañona con su equipo de trabajo y se fijaba en cada detalle de la organización. Había que ver el nerviosismo de algunos en espera de que llegara “la Señora”. No hubo proyecto grande o pequeño construido bajo su programa de comunidades especiales que ella no inaugurara y luego visitara. En eso puso mucho empeño.

Acevedo era pueblo. Conversaba directo con las personas y escuchaba sus halagos y sus quejas con una paciencia pasmosa. Salir en una de sus caravanas prometía una llegada muy tarde a la redacción y visitar lugares remotos. A más de uno de su equipo vi bajarse a vomitar mareados por las curvas de la carretera.

Todas esas millas acumuladas las recorrí la mayor parte del tiempo con tres compañeros fotoperiodistas, Carlos Rivera, Gerardo Ortíz y Héctor Aponte. Cada uno era muy particular, no pudo crearse un trío más seductor para recorrer esos mundos de Dios.

Gerardo era muy circunspecto, conocía muy bien el interior de la Isla y su tema de conversación favorito eran los perros. Con él rescate uno en Gurabo, lo dejamos al cuidado de uno de los entrevistados y al concluir fuimos a comprar un kennel y comida para llevarlo a un veterinario que colaboraba con el noticiario. Hoy “Gurabo”, como lo bautizamos vive con una familia amiga que emigró a Estados Unidos.

Aponte era un gruñón, que no hablaba mucho y cuando lo hacía era para gritarle al GPS, cosa que nunca entendí. No importa lo irracional que eso pareciera, él le gritaba, le reclamaba y le reprochaba por llevarnos por caminos que hacían más difícil nuestra ruta. A golpe nos hicimos amigos y confidentes. Por su carácter en la mesa de redacción se lo rifaban para salir. Muy pocos conocieron su lado tierno, que lo tenía, por eso algunos no entendían que a mí me gustara salir con él y mucho menos que fuéramos tan cercanos. Como dicen por ahí, uno escoge sus amigos, la familia es una ruleta.

Carlos odiaba el silencio. Me peleaba para que no me durmiera en el trayecto. Descubrió que a me encantaban los cuentos de camino y se transformó en una Scherezara boricua para evitar que el tedio lo matara. No sé si eran de creación propia, recogidos de su familia o tenían alguna pizca de realidad envueltos en una gran imaginación. Lo cierto es que sabía todo tipo de leyenda urbana y rural de su barrio en Naguabo. De estos cuentos, recuerdo dos con mucha claridad. El de la bola negra de billar y un alcalde olvidadizo.

Contaba Carlos que en su barrio todavía andaban buscando a un incordio que durante una noche se dedicó a pasar con su volky viejo haciendo ruido mientras el pueblo estaba reunido en un terreno donde se exhibía contra una pared una película. Esas exhibiciones eran de las pocas que los residentes tenían como diversión hasta que en una de sus vueltas el individuo se llevó consigo el cable que daba electricidad al proyector tendido desde una casa cercana al terreno baldío. Con el cable se llevó el proyector y la alegría del pueblo. Pero ese no fue el incidente que le puso precio a su cabeza.

Además del cine al aire libre del que todos disfrutaban estaba el pequeño cafetín donde acudían los hombre a jugar billar. Eso se lo tomaban muy en serio. En una pared se anotaban las jugadas ganadas con el nombre del vencedor y los próximos encuentros. Un día desapareció la bola negra. Se buscó por cuanto recoveco había. Se removió tierra y cielo hasta conocerse el rumor que el aborrecido del pueblo la había robado. No se pudo nunca confirmar la verdad de ese chisme porque al hombre no se le volvió a ver por el barrio. ¿Qué pasó con los juegos nocturnos? nunca lo supe. Carlos dejó el cuento en suspenso con la promesa de contarme el final que nunca me dijo.

El siguiente cuento puede parecer increíble pero no dudaría que conviviera con algo de verdad dada la naturaleza excéntrica de muchos alcaldes de nuestra Isla.  Según mi compañero, en su barrio como en el resto del pueblo se practicaban simulacros en caso de tsunamis. Se tocaba una alarma por todo el pueblo y los residentes conocían ya hacia dónde dirigirse. En el caso de su barrio corrían a una cueva en lo más alto del lugar. Allí se dirigieron todos el día en que la chicharra sonó y permanecieron hasta el anochecer en espera del aviso que daba por concluida la maniobra. Cansados de esperar enviaron a uno de los más jóvenes a la casa del alcalde. El mensajero le preguntó si ya podían salir de la cueva. ¡El alcalde se había olvidado de darle final al simulacro y ya estaba cenando con su familia!

Los cuentos de Carlos, las conversaciones con Gerardo y los momentos dementes de Héctor alegraron esos largos viajes donde acumulé millaje, amistad y anécdotas. El periodismo puede ser muy ingrato pero como dijo Gabriel García Márquez es el mejor oficio del mundo.


Sobre Daisy Sánchez
Daisy Sánchez

Su labor profesional en el campo del periodismo y la investigación le han merecido varios reconocimientos. Dos de sus libros han sido premiados: "Cita con la Injusticia" y "La que te llama vida: In?


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