Proyecto de Reactores Modulares Pequeños (SMR): una necesidad de los Estados Unidos

Proyecto de Reactores Modulares Pequeños (SMR): una necesidad de los Estados Unidos

El proyecto de los minis reactores modulares que proponen imponer en el barrio Islote de Arecibo y en la antigua Base Roosevelt Road de Ceiba obedece fundamentalmente al  interés y necesidad del gobierno de los Estados Unidos de mantener y revitalizar la energía nuclear, vigorizar la exploración espacial y desarrollar, a la vez, diversas opciones para la defensa nacional. Así lo demuestra la Orden Ejecutiva #13972, que promueve los Reactores Nucleares Pequeños (SNR) para la Defensa Nacional y la Exploración Espacial, firmada por el presidente Donald J. Trump el 5 de enero de 2021.

La Orden en cuestión recuerda que es política de los Estadlos Unidos “promover las tecnologías de reactores avanzados, incluyendo los reactores modulares pequeños, para apoyar a la Defensa en la instalación de energía flexible y la seguridad energética para el uso en la exploración espacial. ”  Nos indica, además, “que los Estados Unidos tienen que sostener su habilidad de cumplir con sus necesidades energéticas para su defensa nacional y la exploración espacial y desarrollar la habilidad de utilizar pequeños reactores nucleares (SMR) que asistirá y adelantará el dominio y el liderato estratégico sobre los dominios del espacio y los terrestres.”

No hay duda que tanto el expresidente Trump como el gobierno de los Estados Unidos como institución, incluyendo al presidente Biden, entienden que vigorizar la industria nuclear es necesario y fundamental para la seguridad energética, para la seguridad nacional y para el avance económico.

Por qué en Puerto Rico

Es de conocimiento general que los imperios deciden qué, dónde y cuándo se desarrollan proyectos en sus colonias. En Puerto Rico esa historia es clara. Nos dice que cuando necesitaban azúcar, nos obligaron a sembrar caña de azúcar; cuando necesitaron hacer experimentos macabros y contrarios a la ética médica con pacientes de anemia, trajeron y le dieron mano libre al nefasto Dr. Cornelius Rhoads; cuando necesitaban quemar la vegetación y los campos de arroz de los vietnamitas, probaron el defoliador agente naranja en las montañas de El Yunque; cuando crearon la pastilla anticonceptiva, la experimentaron con mujeres boricuas.

Así también lo hicieron con la prueba de medicamentos del Sida y otros experimentos que se han realizado, no ya sin la aprobación de nuestro pueblo, sino sin la aprobación de los que administran la colonia.

Pero si toda esa evidencia de imposición a nuestro país no fuera suficiente, debemos recordar, de manera muy pertinente al tema que discutimos en este artículo, que al principio de los años sesenta, el gobierno de los Estados Unidos estableció en el municipio de Rincón, un reactor nuclear de Agua Hirviente Sobrecalentada (Bonus), el cual se instaló, más allá de proveer electricidad al país, como una planta nuclear prototípica “para investigar la viabilidad técnica y económica del concepto hervidor y sobrecalentador integrados”. Ese reactor estaba diseñado para poder evaluar realísticamente “las características principales del concepto hervidor-sobrecalentador integrado sin los altos costes de construcción y operación de una planta grande”.  Esos son los datos.

De esa manera, cuando el reactor de Rincón cumplió su misión experimental, lo clausuraron (1970), sepultando sus residuos (materiales contaminados y activados) bajo concreto y argamasa.  No obstante, en los años subsiguientes, tan cerca como en el 2000, se ha descubierto contaminación radioactiva adicional en el lugar.

Ante ese cuadro de relación imperio-colonia tan prepotente y tan amenazante, no cabe duda que hayan seleccionado a Puerto Rico como el lugar de experimentación de los pequeños reactores nucleares (SMR), los cuales no solamente no han sido certificados por la Comisión Reguladora Nuclear, sino que no están en uso actualmente en los Estados Unidos.

Así las cosas y como mecanismo para empujar, sí o sí el proyecto, el gobierno de los Estados Unidos a través del Departamento de Energía Federal, en total complicidad con la Nuclear Alternative Project (NAP), entidad privada que se dedica a promover el uso de estos reactores, y junto a un grupo de ingenieros (algunos de ellos puertorriqueños que no viven aquí) se han dado a la tarea de ponerle sello oficial y visto bueno al proyecto por medio de un estudio totalmente parcializado y carente de información básica que discutiremos más adelante.


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