Nómadas a la Luna: universitarios sin techo

Nómadas a la Luna: universitarios sin techo

Eddie Vázquez Travieso, estudiante de Música y Comunicación Audiovisual, caminaba hacia la avenida Universidad en busca de un sitio donde comer. De repente, recibió un correo electrónico que le quitó el apetito. El Rector del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, Luis A. Ferrao Delgado, notificaba que Torre del Norte —complejo de viviendas donde Eddie vivía— cerraría por motivos de restauración.

—¿Y qué yo hago ahora? —pensó.

Grafiti en protesta por el cierre de la Torre.

En su año prepa, Eddie viajaba todos los días desde su casa en Manatí hasta el Recinto. Gastaba más de $200 dólares mensuales en peaje y gasolina. Salía a las 5:00 de la mañana, aunque sus clases fueran a las 10:00, para no toparse con tapones más fenomenales que los de La guaracha del Macho Camacho.

—Fue horrible— recordó.    

Desde su segundo año, comenzó a hospedarse en Torre del Norte. Con $75 más de lo que mensualmente gastaba en gasolina y peaje, podía pagar todo un semestre de vivienda. Ya no tenía que madrugar tanto. Pero llegó el correo, y con él, el miedo a tener que viajar de nuevo.

Provinette González Centeno, de Estudios Multidisciplinarios en Bellas Artes, no recuerda qué estaba haciendo cuando llegó el correo, pero sí que se dio “la ‘enfogoná’ de la vida”. Ella es de Lajas, no tiene carro, y si tuviera, viajar no sería una opción.

— Son casi tres horas de viaje. Es horrible. Yo, a penas, puedo bajar para mi casa.  

Provinette está en cuarto año de universidad, y Torre del Norte fue su primera casa en Río Piedras. Pero llegó el correo, y con él, la necesidad de empezar de nuevo.

Entre los motivos del cierre, el rector mencionó la falta de escapes adecuados en caso de incendio, la existencia de asbesto, el deterioro de los sistemas de cableado eléctrico y plomería, varillas expuestas y el incumplimiento con la Ley para Personas con Discapacidades (Ley ADA).

Eddie y Provinette reconocen que Torre del Norte necesita mejoras, sin embargo, no creen que los problemas del edificio ameritaran un cierre.

—La residencia estaba en óptimas condiciones. Sí, estábamos conscientes de que tenía sus años y que necesitaba una reestructuración, que lo podían hacer en los recesos, poco a poco. Las opciones las había, pero decidieron hacer el cierre parcial —, sostuvo Eddie.

Entre las alternativas de hospedaje que sugirió la Administración de la UPR estaba Resicampus. El complejo de vivienda es el más económico en el área de Río Piedras. Sus inquilinos pagan $160 anuales. Los bajos costos implican una alta demanda, que se intensificó con el cierre de Torre. Conscientes del panorama, Eddie y Provinette solicitaron en Resicampus. Por suerte, los aceptaron.

Hospedaje Resicampus.

El 23 de marzo de 2018, había llegado el correo, pero el 15 de junio llegó el día: 375 estudiantes tuvieron que desalojar Torre del Norte.

—Dime que no es cierto —más que una orden, la amiga de Eddie pronunció una súplica— Dime que no es el edificio, porque hablaron de una residencia, y la única que yo conozco ahora es dentro de la universidad, y es en la que tú estás.

—Pues, mira, sí… Es esa.

El 1ero de abril de 2019, la Administración del Recinto de Río Piedras notificó, mediante un comunicado, que Resicampus haría un “paréntesis temporal en sus operaciones”. Por motivos de restauración, el edificio cerrará en enero de 2020. El Departamento de Educación Federal proveerá los $6.3 millones que costará la remodelación. Entre las labores, se remplazará la plomería, las puertas y las ventanas. Se remodelarán, también, los baños y las habitaciones de los ocho pisos.

El Departamento de Educación Federal, según el rector, exige que el proyecto se entregue en el 2021. Eddie duda que se cumpla con esa meta. El arquitecto José Coleman-Davis coincide, y aseguró que las reparaciones siempre toman, al menos, 25% más del tiempo calculado. Mencionó que, además, tienden a costar más de lo previsto.

—Espero que tengan más presupuesto —comentó Coleman-Davis, quien ha trabajado en restauraciones como la del Teatro de la UPR en Río Piedras.

Por otra parte, el arquitecto admite que, para restaurar Resicampus y Torre del Norte, cerrar es lo más acertado, porque ahorra tiempo, dinero y accidentes.

Mientras Eddie y Provinette reciben un segundo golpe con el cierre de Resicampus, Raymier Quintana Cruz recibe el primero.

Raymier es de San Sebastián, y estudia Comunicación Audiovisual e Historia del Arte en el Caribe y Latinoamérica. Desde agosto de 2016, cuando era solo un prepa, vive en Resicampus. El hospedaje ya es su segunda casa.

— En Resi, hay un ambiente de comunidad. Hay personas con las que tú haces amistad, que puedes llamar hasta familia, y vamos a estar ahora separados. Ese apoyo emocional ya no va a ser tan directo— lamentó.

Mural ubicado en una pared de la recepción de Resicampus.

Durante una asamblea de residentes de Resicampus se mencionó que un porciento del agua que se consume en el hospedaje contiene plomo. Raymier admite que es peligroso, y que amerita una reparación. No obstante, entiende que otras restauraciones se pueden realizar sin tener que cerrar el hospedaje.

—Sustituir muebles o ventanas, que la mayoría están “chavás”, puede ser mientras el estudiantado está ahí. No creo que ningún estudiante tiene problema.

Las Ventanas de Resicampus se mantienen abiertas con la ayuda de algunas latas.

Provinette, por su parte entiende que las reparaciones se deben realizar en los periodos de vacaciones, y de no ser posible, que la administración provea opciones viables de hospedaje antes de cerrar Resicampus.

—Éramos 375 en Torre Norte, más 355 acá. Ahora mismo, mis matemáticas no me funcionan, pero me parece que son demasiados estudiantes para tú dejar sin opciones de hospedaje. Estás afectando tanto a los estudios de cada individuo, como la matrícula de la universidad. Después de tanta cosa, ¿quién va a querer estudiar aquí?

Ante el cierre, la Administración del Recinto de Río Piedras sugirió Plaza Universitaria, el único hospedaje administrado por la UPR que estará abierto a partir del 2020. Con una mensualidad promedio de $255, residir allí no figura entre las realidades económicas de Eddie, Provinette ni Raymier.

Hospedaje Plaza Universitaria.

El único empleo de Eddie es en el Programa de Estudio y Trabajo (PET) de la universidad, donde gana a penas $145 mensuales. Si desea hospedarse, deberá buscar otro trabajo donde devengue más. Considera, también, vivir con sus abuelos paternos en Bayamón, donde tendría la opción de tomar el Tren Urbano.  

Eddie Vázquez Travieso frente al hospedaje Resicampus.

Provinette, en cambio, consiguió un hospedaje en Santa Rita. La renta es de $700, pero la dividirá con tres amigas más. Al momento, no tiene trabajo, pero espera conseguir uno para poder pagar. Si no, recurrirá a un préstamo estudiantil. Dejar la universidad no es opción para ella.

— Yo quiero terminar mis estudios aquí, donde empecé.

Provinette González Centeno estudiando en las áreas comunes de Resicampus

Raymier, junto a un amigo, también consiguió vivienda. En automóvil, la casa queda a nueve minutos de la universidad. Al igual que Provinette, él espera conseguir empleo para costear la renta, que será de $200.

Raymier Quintana Cruz sostiene pancarta en protesta al futuro cierre de Resicampus

 

Letrero frente a Torre del Norte indica que la restauración aún está en la primera fase: mantenimiento, limpieza e inventario de propiedad.

A un año del cierre de Torre del Norte, y a meses del futuro cierre de Resicampus, crece la incertidumbre, pero sobre todo la indignación. En Torre del Norte pareciera que aún es 15 de mayo de 2018. Poco ha cambiado. Unos colchones abandonados, que se observan a través de las ventanas, y en los que alguna vez durmieron 375 estudiantes, dan cuenta del paso del tiempo.

Se observan los colchones amontonados tras las ventanas de Torre del Norte.

—Entre tanto enojo, hay mucha tristeza. Yo me considero una nómada. Por cuestión económica, mi familia y yo tenemos que estar mudándonos a cada rato. No nos hemos podido quedar en un lugar por más de cuatro años. Ahora, la universidad me está dando a mí el mismo trato, otra vez, cuando yo pensé que podía tener un lugar estable —lamentó Provinette, en uno de esos llantos que no envuelven lágrimas.

Quien observa a Torre del Norte desde la acera ubicada frente al Recinto de Río Piedras, tal vez, se tope con un letrero que lee: “Fly me to the moon”. Una petición romántica se transforma en una amarga ironía. El mensaje sintetiza un sentir: el de los estudiantes que viven la incertidumbre del nómada, que sienten que, tal vez, la Luna es el único destino.

Letrero cuya parte trasera lee: “Fly me to the moon”.

Sobre Angelie García
Angelie García

Angelie García Ortiz es estudiante de tercer año en la Escuela de Comunicación de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras. Colabora con Puerto Rico Te Quiero como parte del curso Red


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