Las piltrafas de un ideal

Las piltrafas de un ideal
Imagen: El Post Antillano

Dos alcaldes de la región central y un representante relativamente nuevo. Esa es la oferta del Partido Popular Democrático a sus electores. Parece mentira, que una de las instituciones políticas más longevas y protagónicas de la historia de nuestra democracia se limite a tres candidatos que, como mucho, apaciguan la vorágine sinfín que viven los colora’os.

“Luis Muñoz Marín puso a Puerto Rico en el mapa”, “ese señor fue quien nos puso los zapatos”, son las frases más notorias que reflejan la cultura y el impacto emocional que tuvo este partido en nuestra historia. La elaboración de un plan para el país entero- aunque terminó siendo un discurso plástico- propició el desarrollo de una sociedad con un cuasiestado. La condición colonial, el mal llamado ELA, solo proyectó el espejismo de un país con agencia política sobre su futuro a costa de una jactancia imperial que pregonaba los frutos de una democracia ‘próspera’

En esos tiempos, se recuerda a un Hernández Colón inaugurando el pabellón de Puerto Rico en España, a un Miguel Hernández Agosto férreamente cuestionando las suspicacias del Cerro Maravilla y, en el caso de ahora, hasta a una Carmen Yulín vociferando “quédense con la insignia, que yo me voy con mi gente”. No se sabe qué es, pero perdieron algo. Los populares, sin entrar en detalle sobre el contenido confuso de sus discursos, animaban a una oposición antianexión que, cuando la soga del penepo halaba muy duro, aliviaba la idea de que todo estaba a la venta.

No insinúo que los tres candidatos hayan fallado moralmente, políticamente o, tan siquiera, personalmente. No obstante, me atrevo a señalar que les faltó un “no sé qué de encanto”, que solo tiene un nacionalismo leal. Alrededor de 55,000 populares acudieron a las urnas. De esa cantidad, solo cerca del 12% confiaron su voto a Carmen Maldonado, la única mujer. Compartió la mismo suerte que Yulín y, sin mucho esfuerzo, reforzó la noción de que todo ápice de liberalismo, en ese partido, se esfumó.

Por otro lado, el Partido Popular sella su tumba al no enfrentarse con el mosaico identitario de este país. La “casa grande de la política” falla en entender al estudiante que pasa hambre con tal de graduarse, falla en ver al adulto mayor que vive en la zona rural sin servicios esenciales, falla en ver al policía agotado por la calle, a la maestra que compra materiales; falla en reconocer los pesares del país. El Partido Popular Democrático pasó de ser un foro de alianzas a un espacio de preservación de poder, donde quienes únicos salen aflote son los que cargan la magnanimidad de antaño, como Pablo José Hernández Rivera.

Y, como la aristocracia francesa antes de ser finiquitada por la revolución, el Partido Popular no conoce cómo enfrentar un mundo en el que su alcurnia nacionalista ni su bravío opositor no son reconocidos como instrumentos de progreso.


Sobre Adrián Rodríguez Alicea
Adrián Rodríguez Alicea

Estudiante de Periodismo en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. También, funje como escritor libre y reportero freelance en el semanario Claridad.


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