El verdadero conflicto global: el desafío al petrodólar y lo que significa para Puerto Rico
En medio de titulares sobre armas nucleares, tensiones regionales y escaladas militares, se gesta un conflicto más profundo y trascendental: una guerra financiera global por el dominio de la moneda de reserva mundial. La reciente propuesta de Irán a Europa para permitir el tránsito energético por el estrecho de Ormuz no es solo un acto diplomático menor. Puede ser un punto de inflexión histórico.
Para entender la importancia de este momento, hay que señalar un hecho clave: cerca del 20% del petróleo global pasa por el estrecho de Ormuz. Cualquier cambio en este tránsito afecta rápidamente y de manera severa a los mercados energéticos mundiales. Europa ya ha visto un aumento sustancial en sus costos energéticos, con el gas natural duplicando su precio y el petróleo subiendo considerablemente en solo semanas.
Pero el impacto real va más allá de lo energético: también es financiero.
Desde 1974, el esquema del petrodólar ha sostenido la posición de Estados Unidos en la economía mundial. Este acuerdo con países productores de petróleo determinó que el comercio internacional de petróleo se realizara en dólares, lo que llevó a todos los países a mantener reservas de esa moneda para garantizar su acceso a la energía. De esta forma, el dólar se consolidó como la principal moneda del sistema financiero global. Hoy, ese sistema enfrenta su mayor desafío en cincuenta años.
Si Europa, debido a la crisis energética, opta por acuerdos con Irán en euros (o incluso en yuanes), rompe un precedente clave. No solo es una transacción comercial, sino también una prueba concreta de que el comercio energético puede llevarse a cabo sin recurrir al dólar. En la economía mundial, esos precedentes tienen gran peso.
En este contexto, el bloque BRICS (que comprende economías emergentes como China, India y, a partir de 2024, Irán) ha incrementado sus esfuerzos para disminuir la dependencia del dólar. La proporción del dólar en las reservas globales ya se ha reducido notablemente en las últimas décadas, y este nuevo escenario podría acelerar esa tendencia.
Las implicaciones para Estados Unidos serían significativas. La capacidad del gobierno federal para pagar su deuda, que supera los 34 billones de dólares, depende en gran medida de la demanda mundial del dólar. Si esa demanda cae, los costos de financiamiento subirán, lo que podría provocar inflación, recortes presupuestarios y un cambio en la distribución del poder económico global. Este escenario no es sólo teórico; es una opción estructural que ya está en discusión entre instituciones financieras y autoridades monetarias en Europa y Asia.
Entonces, ¿qué implica todo esto para Puerto Rico?
Puerto Rico, como territorio no incorporado de Estados Unidos, se encuentra en una situación sumamente vulnerable. Su economía depende en gran medida de transferencias del gobierno federal, de programas sociales y de la estabilidad del sistema económico estadounidense. Si el modelo financiero de Estados Unidos enfrenta dificultades (por ejemplo, ante una caída del petrodólar), Puerto Rico será uno de los primeros en experimentar y en sufrir sus efectos.
Es probable que se presenten escenarios como la reducción de los fondos federales, el aumento del costo de vida, la inflación importada y la disminución de la inversión pública. Además, el modelo económico colonial de Puerto Rico, que depende en gran medida de recursos externos, muestra una falta de resiliencia ante shocks globales de esta magnitud.
Aquí es donde el debate sobre el futuro político de Puerto Rico cobra una importancia estratégica urgente. Los partidos políticos colonialistas –el Partido Nuevo Progresista (PNP) y el Partido Popular Democrático (PPD)- han basado sus estrategias en la expectativa de una relación económica estable y en crecimiento con Estados Unidos. No obstante, esa premisa ya no está asegurada en el contexto actual. Ambos continúan actuando bajo paradigmas del siglo XX, ignorando la realidad y sin reconocer que el orden económico global está en rápida transformación.
¿Qué significa para Puerto Rico? Puerto Rico está a la deriva, al borde de un desastre económico y humanitario que ni el PNP ni el PPD reconocen ni saben cómo abordar. Sería como estar a bordo del Titanic justo cuando choca con el témpano de hielo y, en lugar de activar el protocolo de emergencia, el capitán incompetente niega la realidad y empieza a pedir copas de vino.
Frente a esta situación, la soberanía nacional (ya sea por independencia o libre asociación) debe reconsiderarse no solo como un objetivo político, sino también como una urgencia y una estrategia económica para la supervivencia y la adaptación a las nuevas circunstancias mundiales.
Un Puerto Rico soberano tendría la capacidad de:
- Diversificar sus relaciones económicas internacionales mediante la firma de acuerdos comerciales con distintos bloques regionales, como América Latina, Europa, África y Asia.
- Establecer una política energética nacional que disminuya la dependencia de las importaciones mediante inversiones en energías renovables y tecnologías innovadoras.
- Establecer un sistema fiscal y monetario que se ajuste a sus necesidades, en lugar de depender de decisiones tomadas en Washington que no toman en cuenta los intereses de Puerto Rico.
- Buscar una posición estratégica y viable en el nuevo orden multipolar, aprovechando su ubicación geográfica y su población capacitada.
Desde la perspectiva de Estados Unidos, una transición ordenada a la soberanía de Puerto Rico podría ofrecer beneficios significativos. La reducción de miles de millones de dólares en los gastos federales anuales permitiría redistribuir recursos en un contexto de creciente presión fiscal interna. Este no es un argumento ideológico; es un análisis geoeconómico.
El mundo está entrando en una nueva etapa en la que el poder ya no se determina solo por la fuerza militar, sino también por la estructura financiera y monetaria. La competencia por la posición de moneda de reserva mundial implica una lucha por el control del sistema económico global. Puerto Rico no puede seguir siendo un espectador pasivo en este proceso. Si los anexionistas y los populares no pueden, por incompetencia e ignorancia, hay otros que sí saben cómo manejar esta crisis y proteger los intereses nacionales de Puerto Rico.
La cuestión ya no es si el sistema actual cambiará, sino cuándo y de qué manera. Lo que importa más aún es: ¿estará Puerto Rico listo para adaptarse a este nuevo panorama mundial? Tristemente, en estos momentos, bajo la dictadura colonial del PNP-PPD, no estamos listos.
La historia muestra que las crisis globales también abren oportunidades para las naciones que saben adaptarse. Para Puerto Rico, esto significa tener visión, liderazgo y el coraje de reconsiderar su relación con el mundo.
La era de la complacencia ha llegado a su fin. El futuro se está formando ahora. Hay un solo camino.
Sobre Javier A. Hernandez
Javier A. Hernández es un autor, escritor, empresario, asesor y defensor de la soberanía y la descolonización puertorriqueño radicado en Nueva Jersey y Puerto Rico.
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