Rainao: la flor silvestre que se resiste a desaparecer
Por Abderramán Brenes-La Roche Santos
Desde que la cantante Rainao decidió entonar el himno original de Puerto Rico en la liga del Baloncesto Superior Nacional, en el partido entre los Mets de Guaynabo y los Cangrejeros de Santurce, se vuelven a escuchar desde la Cámara de Representantes las mismas zozobras de no mezclar la política con el deporte y de respetar los símbolos patrios. Desconocen los analfabetos políticos de la escuela de la relativización que la política se ha servido a manos llenas de los resultados políticos del deporte. Sobre todo en el período “poscolonial”, cuando el deporte permitió a las naciones pequeñas y emergentes, como Puerto Rico, afirmar su autonomía nacional en el escenario global.
De esta manera, el deporte ha sido una influencia cultural importante, con una dimensión explícitamente política. La simultaneidad histórica del surgimiento del deporte y la construcción de los modernos Estado-nación para finales del siglo XIX ayudó a afianzar los procesos de construcción del nacionalismo como ideología política y a la conformación de las identidades nacionales. Y en el siglo XX, “el deporte se convirtió en un espacio de afirmación nacional donde los deportistas que representaban a sus correspondientes países serán considerados como expresiones primarias de sus comunidades imaginadas” (Llopis, 2020).
Ahora bien, esta controversia de tener dos himnos, uno original y otro “oficial”, nos lleva a plantearnos los tipos de nacionalismos que coexisten en Puerto Rico; y la miopía colonial de algunos sectores politizados de no percatarse de lo que realmente es una imposición política.
Nos advierte Duany (2002) que cualquier intento de interpretación de la realidad sociohistórica de Puerto Rico o la definición del estatus político de la Isla se debe tener en cuenta la creciente fuerza del nacionalismo cultural. El nacionalismo en Puerto Rico ha sido principalmente uno de tipo cultural ajustado a los parámetros de la tradición del autonomismo político característico de la élite criolla del siglo XIX. “El autonomismo fue la tendencia ideológica dominante…, (en) el intento por mantener la identidad nacional dentro de los límites de un gobierno que representaba una lengua, una cultura y un poder metropolitano distante” (Duany, 2009). A su vez, el objetivo del nacionalismo cultural, será reflejar “un sentido de unicidad y siglos de historia y tradiciones caribeñas pero sin aspirar a la independencia completa” (Sotomayor, 2020). Estos conceptos en aparente contradicción demuestran la necesidad de distinguir entre el nacionalismo político y el nacionalismo cultural en Puerto Rico. Aunque ambos nacionalismos enfatizan en la historia, la cultura, el idioma y la geografía como la esencia de la nación, el nacionalismo cultural, no aboga necesariamente por la creación de un estado soberano para encarnar los ideales.
Para entender la diferencia entre el nacionalismo cultural y el nacionalismo político, Fishman (1972), hace la diferenciación entre el concepto “nacionismo” y el nacionalismo. El nacionalismo político tradicionalmente conocido en contextos emancipadores hace referencia a las luchas de los pueblos por su autonomía y soberanía política con la finalidad de la creación de un Estado soberano. A diferencia del concepto de "nacionismo" o nacionalismo cultural, se utiliza para describir los esfuerzos organizados por instituciones o individuos por preservar y defender la unicidad etno-cultural, como por ejemplo el deporte (Sotomayor, 2020) o el vernáculo (Clampitt-Dunlap, 2018). Por tanto, es importante distinguir entre el nacionalismo político que persigue la consecución del Estado y los tipos de nacionalismos encapsulados dentro de un estado mayor o restringidos por una relación colonial, como en el caso de Puerto Rico.
En cuanto la versión que interpretó Rainao, vale recordar, que era proscrito políticamente por la "ley de la Mordaza" que convertía en delito grave abogar de cualquier manera por la independencia de Puerto Rico. Esto permitió al gobierno encarcelar y sobre todo neutralizar a la disidencia política. De esta manera, mientras se reprimía al movimiento independentista durante las décadas del 1930-1950 se apoyaba paralelamente la participación de Puerto Rico en las competiciones deportivas internacionales.
A partir de la década del 50, el deporte puertorriqueño sirvió como un escaparate al novel proyecto colonial en la formación de la nación y lucir un Estado Libre Asociado [ELA] descolonizado. En la década del 60, el ELA se promovió como modelo de exportación mediante la Alianza para el Progreso, con el fin de buscar por medio de la soberanía deportiva, legitimación y reconocimiento internacional al nuevo estatus de la Isla (Cancel, 2015). Vale recordar que, en el periodo de posguerra, Muñoz y el Partido Popular Democrático, en un proceso de transformación hegemónica, incautaron, se apropiaron, asimilaron y neutralizaron los símbolos del nacionalismo político. Mientras se mantenían formas de exclusión-represión como la Ley de la Mordaza (1948-1957) en la legislatura se proclamaban el himno y la bandera nacional como símbolos oficiales del nuevo gobierno colonial (Duany, 2003). Irónicamente, con la transformación hegemónica al nacionalismo cultural, la consigna emblemática del Partido Nacionalista, “la Patria, es valor y sacrificio”, fue transformada por el aparato estatal colonial en una visión de patria folclórica de paisajes coloridos.
En síntesis, el himno original de Puerto Rico es asociado históricamente a los sectores independentistas pero la realidad es que dentro de la historia política de Puerto Rico, el poema de Lola Rodríguez de Tió (1868) fue por casi un siglo la única composición hasta que se oficializó la versión de Fernández Juncos en 1977.
En cuanto a la miopía colonial, hace referencia a la incapacidad de reaccionar a la imposición del himno de los Estados Unidos en eventos deportivos del mismo modo que lo hicieron con la cantante. Una práctica común en el BSN y otros organismos como el Departamento de Recreación y Deportes (DRD), es entonar el himno estadounidense en sus torneos y a su vez de contar con la presencia en los partidos de organismos vinculados a las fuerzas de seguridad de EEUU. Entre ellos, Homeland Security, Border Patrol y el ejército de los EEUU. En cambio, todo aquello que nos recuerde que somos un país intervenido militarmente y que seguimos sometidos políticamente al Congreso estadounidense va a disonar sobre los que en su momento apostaron por el olimpismo asimilista con los Estados Unidos e impusieron el himno y la bandera de los EEUU en los Juegos Panamericanos de 1979 en Puerto Rico.
Entonces, la actuación valiente de Rainao, de atreverse a entonar la historia subterránea de Puerto Rico, se asemeja a la flor silvestre que brota de la propia grieta y se niega a morir. Es ahí lo que realmente alarma a las clases políticas analfabetas, de cómo después de 128 años de colonialismo y asimilación aún siguen creciendo entre las grietas del sistema colonial, flores silvestres que se resisten a desaparecer.
El autor es Dr. en Sociología
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