“Plan Bonito es un libro que incomoda, que interpela, que exige”
(Texto de la presentación del libro: Plan Bonito: cómo el FBI mató a uno de sus fugitivos más buscados, Filiberto Ojeda Ríos, de Daniel Rivera Vargas, el 27 de marzo de 2026 en el Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico)
Buenas noches... Quiero comenzar agradeciendo a Daniel Rivera Vargas, colega y amigo de muchas batallas, por invitarme a presentar su libro Plan Bonito: cómo el FBI mató a uno de sus fugitivos más buscados, Filiberto Ojeda Ríos. Y debo confesar algo: Daniel me engañó. Cuando me habló del proyecto, me dijo que era un libro introductorio, casi un manual para principiantes sobre la figura de Filiberto. Algo ligero, accesible, casi como esos libros de la serie “For Dummies”. Eso fue lo que entendí.
Pero cuando comencé a leer, me di cuenta de que lo que tenía entre las manos era otra cosa: una investigación periodística incisiva, rigurosa, profundamente documentada y escrita con una claridad admirable. Este libro no es una guía; es un acto de memoria, una denuncia política y una reconstrucción histórica hecha con disciplina, constancia y un sentido de responsabilidad que se siente en cada página.
El título nos lleva directamente al 23 de septiembre de 2005, al sector Plan Bonito en Hormigueros, donde un operativo del FBI culminó con la muerte de Filiberto Ojeda Ríos. Pero el libro no se limita a narrar ese día. Plan Bonito reconstruye un país, una época y una herida que sigue abierta.
Desde el prólogo, Daniel nos sitúa en dos momentos que marcaron profundamente la conciencia independentista: el fenómeno del “meloneo” electoral en 2004 y el asesinato de Filiberto en 2005. Con crudeza, expone la contradicción de miles de electores que se identificaban como independentistas, pero que en la intimidad de la urna votaban por el Partido Popular Democrático. Esa fractura entre discurso e identidad es presentada como una traición simbólica que dolió profundamente al liderato independentista.
El prólogo también nos lleva al instante en que Daniel recibe la llamada que lo provoca a escribir: “Lo mataron. Los cabrones lo mataron”. Esa frase encapsula el dolor colectivo y la indignación ante lo que muchos consideran un asesinato político. Y es precisamente ese silencio —la ausencia de una investigación profunda— lo que impulsa al autor a asumir la tarea: “Pasaron los años y no vi nada publicado. Entonces, decidí intentarlo”. Ese gesto convierte el libro en un acto de resistencia y de justicia narrativa.
Uno de los momentos más impactantes del libro es la reconstrucción del operativo del 23 de septiembre. Daniel lo narra con precisión periodística y sensibilidad humana. Nos lleva a la casa humilde donde vivían Filiberto y su esposa Beatriz, rodeada de árboles frutales, libros, instrumentos musicales y símbolos de lucha. Una casa que se convierte en un personaje más, testigo de una vida clandestina marcada por la resistencia, el amor y la vigilancia constante.
La escena inicial —los perros Caoba y Canela ladrando en la noche— funciona como presagio. A partir de ahí, el autor reconstruye el cerco del FBI: más de 270 agentes, helicópteros, explosivos de distracción, disparos, confusión. La fecha no es casual: 23 de septiembre, aniversario del Grito de Lares. La carga simbólica es evidente.
Pero Daniel no se limita al operativo. Nos muestra a Filiberto en toda su complejidad: líder de Los Macheteros, músico virtuoso, trompetista de la Sonora Ponceña, maestro de Arturo Sandoval. La imagen de su trompeta encontrada entre casquillos de rifles federales es una de las más poderosas del libro: resume la dualidad de un hombre que vivió entre partituras y conspiraciones, entre escenarios de salsa y operaciones clandestinas.
El libro también recorre sus primeros años como figura pública de la lucha armada: su arresto en 1970 mientras veía lucha libre, su paso por la prisión de La Princesa, su fuga audaz, los cargos desestimados porque la evidencia había sido “comida por ratones”. Nos muestra al estratega, al fugitivo, al hombre que viajó a Cuba para ver a su familia y a Nueva York para ayudar a fundar las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN).
El autor reconstruye la historia de Los Macheteros con una mezcla de acción, ideología y emoción. No los presenta como caricaturas, sino como una organización compleja, con contradicciones e ideales que marcaron la historia política del país.
Uno de los momentos más conmovedores es aquel en el que Filiberto, durante un operativo en 1985, le dice a la madre de sus hijos: “Posiblemente nos maten”. Esa frase resume el tono de urgencia y convicción que atraviesa la obra. Daniel sugiere que aquel operativo no buscaba arrestarlo, sino eliminarlo.
La vida de Filiberto en la clandestinidad, especialmente en sus últimos años, está narrada con una humanidad que conmueve. A pesar de estar escondido, se integraba a la comunidad de Plan Bonito: vestía guayabera, jugaba dominó, conversaba con vecinos que lo llamaban “abuelito”.
Aquí las entrevistas del libro adquieren un peso especial. El autor recoge voces que estuvieron allí, que conocieron a Filiberto, que vivieron el cerco, que sintieron miedo e indignación. Las entrevistas no son un complemento: son un coro que sostiene la memoria y la humaniza. Cada testimonio aporta un matiz distinto: el vecino que vio movimientos extraños, la enfermera que advirtió en clave, el amigo que recuerda su risa, la compañera que revive el último abrazo.
El libro también destaca el papel de la comunidad durante el operativo. Los vecinos no fueron espectadores pasivos: advirtieron, observaron, resistieron. El operativo ocurrió en un barrio vivo, solidario, consciente. Daniel recoge testimonios de personas que vieron helicópteros sobrevolando, agentes armados en cada esquina, familias encerradas sin poder atender necesidades básicas. La comunidad se convirtió en archivo y conciencia crítica.
La reconstrucción del asalto final es uno de los momentos más fuertes. Filiberto se atrincheró, protegió a su esposa, destruyó documentos. Disparó 19 veces; los agentes federales respondieron con al menos 107 disparos. Tres agentes fueron impactados. Tres disparos atravesaron una puerta cerrada, violando la política de fuerza mortal del FBI. Nadie admitió haberlos hecho.
El desenlace emocional, narrado a través de los ojos de Elma Beatriz Rosado, es desgarrador. Vendada, esposada, sin saber que su compañero había muerto. Su dignidad, su lealtad y su dolor atraviesan el capítulo. La frase “pa’lante, pa’lante siempre” se convierte en un eco que resuena más allá del libro.
Uno de los capítulos más impactantes es aquel que reconstruye, con precisión clínica, la trayectoria de la bala que hirió a Filiberto. Daniel demuestra que su muerte fue evitable. La sangre en la puerta se convierte en símbolo de una verdad que contradice la versión oficial.
Y finalmente, el libro nos deja con una imagen profundamente simbólica: la posibilidad de que Filiberto estuviera tocando la trompeta cuando fue baleado. La música interrumpida por la violencia. La vida interrumpida por el poder.
Plan Bonito es un libro que incomoda, que interpela, que exige. Daniel Rivera Vargas escribió lo que nadie había escrito. Y lo hizo con rigor, valentía y un profundo sentido de responsabilidad histórica.
Este libro es, en esencia, un acto de justicia.
Sobre Daisy Sánchez
Su labor profesional en el campo del periodismo y la investigación le han merecido varios reconocimientos. Dos de sus libros han sido premiados: "Cita con la Injusticia" y "La que te llama vida: In?
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