La independencia, entre la viralización del 2025 y los monstruos del 2026
Por Luis Ponce Ruiz*
“El viejo mundo se muere, y el nuevo lucha por nacer: ahora es el tiempo de los monstruos.” -Antonio Gramsci
En marzo un “intrépido plan libertario” por la independencia vía orden ejecutiva creó una discusión en los medios sin par en la memoria colectiva reciente. Luego, a mediados de año, Juan Dalmau tuvo, una vez más, reuniones importantes en el Congreso generando el tweet del congresista republicano Tom McClintock, echando flores a un Puerto Rico soberano. En octubre Boricuas Unidos en la Diáspora (BUDPR) celebró, a pesar del cierre del gobierno federal, un foro histórico en D.C. sobre la soberanía nacional donde nuevamente contamos con Dalmau, expertos puertorriqueños y la congresista Delia Ramírez. Y, en estos últimos días de diciembre, surge la noticia de un posible proyecto de ley para la independencia de manos de McClintock.
En el 2025 los boricuas, tanto del archipiélago como de la diáspora, viralizamos la discusión de la independencia, atormentando al bipartidismo colonial. Este desarrollo ocurre luego de tres grandes acontecimientos recientes. El primero: los resultados de las elecciones y plebiscito de 2024 con el histórico desempeño de Juan Dalmau y el respaldo de un 41% a las opciones soberanas de la libre asociación e independencia. El segundo: el triunfo en los EE.UU. del nuevo Partido Republicano que, rehecho a imagen y semejanza de su jefe máximo y ahora presidente por segunda vez, Donald Trump, esboza una agenda decididamente nacionalista, tradicionalista, militarista y autoritaria, o sea, fascista. El tercer evento ha sido la reaparición de la Doctrina Monroe y el incremento de la actividad militar en Puerto Rico.
Ante esta nueva realidad imperial que se materializa no sólo frente a nuestras costas y cielos, pero también en los vecindarios y comercios de nuestros hermanos inmigrantes donde ahora acecha ICE como si de una Gestapo moderna se tratara, y en la palestra internacional con el abandono de EE.UU. de su rol como garante de la Pax Americana, cabe enfrentar con arrojo y determinación la lucha por el futuro de Puerto Rico.
El 2026 será el año de redefinir nuestra relación con los viejos y nuevos monstruos que surgirán del caos geopolítico actual y del realineamiento del orden mundial que se avecina.
Ante este nuevo mundo que está naciendo, los puertorriqueños debemos preguntarnos: ¿en dónde vamos a quedar parados? Pretender que Washington regresará a la normalidad luego de las elecciones de medio término o al “final” de la era Trump, es atrincherarse en el pasado. Luchar para replicar el mundo que se está muriendo es claudicar al viejo monstruo del colonialismo o -lo que es igual- a la incauta noción de que un país que está institucionalizando el odio quiera darle la estadidad a los puertorriqueños.
Por eso, si el 2025 sirve de guía, el 2026 debe erguirse como faro de esperanza que ilumine el camino de la independencia por encima de las tormentas. Ahora más que nunca, los boricuas indomables, tanto del archipiélago como de la diáspora, debemos continuar señalando juntos la ruta de los cielos despejados que nos conduzcan al puerto seguro de la libertad.
*El autor es Cofundador de Boricuas Unidos en la Diáspora
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