"Esta noche no llegué a casa": Crónica del transporte marítimo a Vieques

"Esta noche no llegué a casa": Crónica del transporte marítimo a Vieques

Foto | Facebook Radio Vieques.

Una residente de Vieques circuló una misiva a Puerto Rico Te Quiero, en la que narra las dificultades que enfrentan las personas viequenses para llegar a sus hogares, ante el servicio deficiente de la Autoridad de Transporte Marítimo.

La misiva denuncia las condiciones del puerto de Ceiba e invita a las agencias pertinentes y a la ciudadanía en general a tomar acción ante esta problemática. Igualmente, cuestiona la distribución de los turnos y la planificación del sistema de transporte marítimo. La autora pidió que no se divulgara su identidad, debido a posibles represalias. A continuación la carta:

 

26 de agosto, 2020

A quien pueda interesar,

 

Esta noche no llegué a casa. Me quedé varada en el muelle de Ceiba, como en muchas otras ocasiones, y tengo la certeza de que no será la última vez. Anoche un esposo tampoco llegó a su casa, ni su esposa, ni un gringo residente, ni un joven comerciante, ni un policía, ni otros varios rostros que no pude reconocer en la oscuridad de la noche, encubiertos todos por mascarillas y buscando refugio de la repentina lluvia mientras manteníamos constante guardia para no perder nuestros turnos. Por motivos e historias diferentes todos coincidimos en la misma situación mientras tratábamos de regresar a nuestros hogares en Vieques. Por supuesto nuestro viaje condicionado a la famosa lista de espera “stand-by” dada la política actual de la Autoridad de Transporte Marítimo (MTA) que establece el no ofrecer reservaciones de carga a pasajeros o pequeños comerciantes.

Tanto yo como los otros miles de residentes a tiempo completo en la isla municipio de Vieques hemos asimilado e internalizado estas condiciones: “hay que llegar temprano para apuntarse” y esperar que con un poco de suerte se pueda montar uno en el ferry sin tener que esperar seis, ocho, doce horas, o dieciocho o veinticuatro o hasta tres días corridos como me pasó en una ocasión. Anoche no fue una noche especial marcada por circunstancias extraordinarias. Fue una noche como otra cualquiera y como posiblemente lo será la noche de hoy. Muchos nos quedamos varados y aún cuando el ferry había sonado la bocina anunciando su partida, nos quedamos esperando afuera de la verja a que un supervisor o cualquier persona en calidad de personal administrativo se nos acercara para comunicarnos que no permitirían abordar más vehículos en el último viaje del día, para ofrecer disculpas por no poder satisfacer la demanda de servicio que obviamente existe, y para presentarnos opciones concretas para remediar la situación. 

Hay que aclarar que 16 pasajeros con carro lograron llegar a su casas porque ya tenían boleto comprado. La ATM se refiere a estos afortunados como “los fijos”.  Sin embargo, muchos nos preguntamos ¿cómo obtienen ellos boletos cuando la política actual es de no hacer reservaciones? En mi caso, no he podido hacer una reservación para llevar mi carro en el ferry desde septiembre del año pasado. Entonces, ¿serían esas reservaciones hechas con un año de anticipación? No entiendo. Ni tampoco lo entienden las demás personas que tuvieron que quedarse a dormir en sus vehículos anoche en un muelle oscuro, sin seguridad, sin acceso a las facilidades e infraestructura sanitaria y de agua potable que todo edificio público debe ofrecer. Estoy segura que tampoco lo entienden los dos hijos de la madre que no pudo llegar anoche a casa a pesar de los gritos de varias personas que pedían al personal de turno que por favor la dejaran abordar a ella para que pudiera llegar a atender a sus nenes. Ante la frustración, el coraje y la impotencia nos juzgan por mostrar estos sentimientos abiertamente y hasta nos culpabilizan por la ineficacia y mediocridad del sistema como lo hizo públicamente un empleado de la ATM en las redes sociales: “porque ustedes pidieron la ruta corta y la Agencia cumplió según fue solicitado”.

Hoy ya estoy en casa. Ya le di de comer a mis mascotas, guardé los congelados y otros alimentos que había comprado en la isla y que llevaban en mi carro casi 24 horas. Me duché y cambié la ropa que llevaba usando desde hace tres días corridos. Me siento mejor y estoy más tranquila, pero ¿cuáles han de ser mis próximos pasos? ¿Olvidar lo que pasó como lo hice la vez anterior y la vez anterior a la última y todas las que fueron antes? ¿No es esta pasividad conducente a un patrón de victimización cíclica? Con honestidad no sé lo que se puede esperar a raíz de divulgar este escrito, quizá nada. Pero esa no es razón suficiente para no hablar y denunciar esta situación. Creo que eso me haría cómplice y parte del problema.

Vieques, si tu has leído mis letras hasta aquí, te exhorto a que también expreses tu sentir y que con firmeza reconozcas que tu vida, la de tus hijos, la de tus padres convalecientes, la de tu negocio, la de tus amigos y la de tus vecinos valen. Seamos agentes de cambio y la voz que alude a la consciencia y los valores de aquellos al mando para que tomen acción y hagan lo correcto. Con el debido respeto, le estoy hablando a usted, Hon. Gobernadora Wanda Vázquez Garced, a usted Lcda. Mara Pérez Torres, directora ejecutiva de la Autoridad de Transporte Marítimo y a ustedes señores y señoras miembros de la Junta de Directores de la Autoridad de Transporte Marítimo: Hon. Carlos Contreras, Hon. Manuel Laboy Rivera, Sra. Carla Campos Vidal, Lcdo. Julio Benítez Torres, Lcdo. Christian Trinidad de Jesús, Lcdo. Joel Pizá Bátiz, Hon. Víctor Emeric Catarineau y Hon. Iván Solís, y a ustedes señores y señoras aspirantes a la gobernación de este país: Pedro Pierluisi, Carlos Delgado Altieri, Juan Dalmau Ramírez, Alexandra Lúgaro, Eliezer Molina y César Vázquez.

Finalmente quiero hacer claro que mis palabras también van dirigidas a a ti puertorriqueño/a, si tú, que proclamas a los cuatro vientos que eres Boricua “de cora” pero te haces la vista larga ante el atropello de los derechos humanos y civiles de tus hermanos y hermanas viequenses y culebrenses y las miles de personas que de otras procedencias decidieron llamar “casa” a las islas municipios. ¿Y quién me da a mi el derecho de expresar tanta indignación dirá usted? Si al fin y al cabo soy un trasplante más a las islas, no he sufrido el abuso que imparte la negligencia sistemática del la ATM ni tan siquiera por una fracción del tiempo que aquellos que han vivido en Vieques y Culebra todas sus vidas. Es cierto y jamás pretendería comparar ni nivelar mi experiencia con la de ellos.

Pues a mi me arman de derecho, valor (o atrevimiento) para expresarme hoy, no solamente el cansancio y la indignación de vivir este atropello una y otra vez, pero también los principios básicos que me enseñaron y que son los que me ayudan a discernir entre el bien y el mal, la capacidad de poder sentir y expresar compasión y empatía por el prójimo y la convicción de que todo ser humano y las vidas que vivimos tienen valor, merecen respeto y un trato digno entre nosotros, por parte de nuestros compatriotas en la isla grande, por parte de los empleados del sistema de lanchas y por parte de los líderes de nuestro país. Basta de aguantar. Basta de silencio. Basta de excusas. Las excusas equivalen a cobardía. La inacción no es opción. Ya basta. Y ahora les pregunto a cada uno de ustedes: ¿qué vas a hacer tú ahora?

 

-Ciudadana viequense


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