El honesto espejo de la barcaza encallada
Por más de tres semanas, la barcaza Defiant permaneció encallada frente al Castillo San Felipe del Morro, como si hubiese decidido plantarse allí, testaruda, en la boca misma de nuestra historia. Llegó de día, arrastrada por el bravo oleaje luego que un cable de su remolque cediera y allí persistió inmóvil, después, de sirviendo de espectáculo, de meme, de chiste fácil. Pero bajo la risa había un temblor más profundo: esa mole de acero atrapada entre rocas y mar es, quizás, el espejo más honesto que hemos tenido en años.
Porque por más que intentemos evadirlo, la barcaza y Puerto Rico parecen ir agarrados de la mano. Allí está ella, golpeada por un mar embravecido, empujada de un lado a otro por fuerzas que no controla, sostenida apenas por un cable que ya falló una vez. Y aquí estamos nosotros, un país entero luchando contra circunstancias políticas, económicas y sociales que nos han llevado dando tumbos durante más de un siglo, a punto siempre de que se rompa el hilo que nos mantiene en rumbo. Con la diferencia de que, mientras la barcaza tenía un destino claro —el puerto—, el nuestro sigue siendo incierto, desconocido, y con toda probabilidad nos lleve a encallar en nuestra propia historia.
La Defiant no llegó sola a ese rompeolas. La trajeron decisiones, fallas, descuidos. Y Puerto Rico tampoco llegó solo a su crisis. Lo trajeron décadas de un modelo político que nunca terminó de cuajar, de una relación colonial que nos mantiene en un limbo jurídico y emocional, de una economía diseñada para depender, no para crear. Lo trajeron gobiernos que administraron la pobreza como si fuera un recurso renovable, y un pueblo que, por cansancio, costumbre o miedo, sigue apostando a los mismos partidos que una y otra vez prometen salvación mientras nos hunden un poco más.
La historia reciente es clara: crisis fiscal, la quiebra, una Junta impuesta desde afuera, austeridad, migración masiva, servicios públicos colapsados, corrupción que se repite como un eco interminable. Y aun así, cada cuatro años regresamos a las urnas como quien regresa a un muelle conocido, aunque esté podrido, aunque sepamos que no nos llevará a ningún lugar distinto. Votamos por lealtad, por tradición, por inercia. Votamos como si el país no estuviera encallado, como si el dichoso cable no hubiese fallado ya demasiadas veces.
Por eso el nombre de la embarcación —Defiant, desafiante— resulta casi irónico. La barcaza desafía al mar, a las rocas, al tiempo… pero también nos desafía a nosotros. Nos reta a mirarnos sin excusas, a reconocer que llevamos décadas atrapados en un rompeolas político que no nos permite avanzar. Nos reta a admitir que no basta con indignarnos en redes, ni con hacer memes, ni con reírnos del desastre. Nos reta a aceptar que la verdadera fuerza no está en resistir eternamente, sino en cambiar de rumbo.
La Defiant esperó ahí, inmóvil, que la removieran. Puerto Rico, en cambio, no tiene ese lujo. No podemos quedarnos varados mientras el oleaje de la historia nos golpea. No podemos seguir confiando en cables que ya demostraron que no sostienen. No podemos seguir entregando nuestro futuro a partidos que no han sabido —o no han querido— conducirnos hacia un país más justo, más próspero, más nuestro.
Quizás por eso la imagen de la barcaza duele más de lo que admitimos. Porque en su quietud forzada vemos nuestra propia parálisis. Porque en su nombre vemos la valentía que nos falta. Porque en su encallamiento vemos el nuestro.
Pero también, si afinamos la mirada, vemos una oportunidad. La oportunidad de entender que ningún país se salva solo resistiendo; que la resistencia sin dirección es apenas un naufragio lento. La oportunidad de decidir, de una vez, que no queremos seguir siendo una barcaza a la deriva, sino un pueblo capaz de trazar su propio rumbo.
La barcaza finalmente fue removida. Puerto Rico todavía puede moverse. Pero el tiempo para decidirlo no es infinito. Y la historia, como el mar, no espera por nadie.
Sobre Daisy Sánchez
Su labor profesional en el campo del periodismo y la investigación le han merecido varios reconocimientos. Dos de sus libros han sido premiados: "Cita con la Injusticia" y "La que te llama vida: In?
Únete a nuestra comunidad y apoya a PRTQ
Para continuar haciendo nuestra labor de forma económicamente sustentable, contamos con las contribuciones de nuestra membresía.
Por tan solo $5 al mes, nuestra membresía recibe un email mensual con un resumen de todos los artículos que publicamos ese mes, y tiene la habilidad de dejar comentarios en los artículos en nuestra página web y participar así de la conversación que generen nuestros y nuestras autores y autoras.
Comments ()