El Escambrón merece un alcalde que realmente escuche
Durante las últimas semanas, el alcalde de San Juan, Miguel Romero, ha insistido en presentar el proyecto del estacionamiento del Escambrón como una iniciativa benigna, limitada y necesaria. Sin embargo, quienes representamos a las minorías legislativas —y, sobre todo, quienes escuchamos a la gente que vive, camina y respira este litoral— sabemos que la discusión es mucho más profunda que la cantidad de espacios de estacionamiento o la altura de una estructura. Lo que está en juego es el sentido mismo de lo que significa gobernar con empatía, con visión pública y con respeto por un patrimonio que no pertenece a ninguna administración, sino al pueblo de Puerto Rico.
El alcalde Romero afirma que ha “escuchado las preocupaciones”. Pero escuchar no es repetir argumentos técnicos ni justificar decisiones ya tomadas. Escuchar, en el contexto de un bien público como El Escambrón, significa reconocer que este litoral es parte de la memoria colectiva de San Juan; que su historia no es un adorno retórico, sino un recordatorio de que este espacio ha sido protegido durante generaciones precisamente para evitar que intereses privados lo transformen en algo distinto a lo que es: un lugar de encuentro, de recreación, de naturaleza viva.
Su historia jurídica —desde la transferencia federal de 1938 hasta su integración al Sistema de Parques Nacionales— confirma que este litoral es un bien de dominio público: inalienable, imprescriptible y destinado al uso colectivo. No es un terreno disponible para negociaciones privadas ni para proyectos que contradigan su naturaleza. Es un espacio que el pueblo recibió como patrimonio público y que debe seguir siendo defendido como tal.
Por eso sorprende —y preocupa— la insistencia del alcalde en promover un proyecto que, aunque ahora se presente como “modificado”, nació de una propuesta que contemplaba un multipiso de hasta 950 vehículos y un derecho de superficie de hasta 90 años. Hoy se nos dice que todo eso cambió. Pero si esos diseños existían, ¿por qué nunca se presentaron a la Legislatura Municipal? ¿Por qué no formaron parte del expediente legislativo? ¿Por qué aparecen ahora, cuando la discusión pública exige transparencia? No se puede hablar de transparencia cuando el proceso fue opaco desde el inicio.
El alcalde también insiste en que “no se construirá sobre la playa” y que “no se eliminarán áreas verdes”. Pero esa defensa técnica ignora la preocupación central: la construcción de un multipiso en este litoral altera irreversiblemente la experiencia del espacio, su paisaje, su escala humana y su valor ambiental. La pregunta no es si cabe o no cabe dentro de la huella existente. La pregunta es, ¿ por qué insiste en levantar una estructura dura en uno de los pocos litorales urbanos que aún conservan su carácter abierto, accesible y comunitario.
¿En quién piensa el alcalde cuando defiende este proyecto? ¿En los sanjuaneros que necesitan espacios de recreación, naturaleza y descanso? ¿O en los turistas que visitarán brevemente el área? ¿En las familias que buscan un litoral seguro y libre? ¿O en los intereses privados que han impulsado esta propuesta desde el inicio?
Y en última instancia, ¡¿cuál es la prisa?! ¿Por qué empuja a la mayoría PNP en la legislatura municipal a aprobar una ordenanza desprovista de estudios e información básica?
San Juan necesita un liderazgo que entienda que la ciudad no se construye solo con cemento, sino con sensibilidad. Que los espacios públicos no son obstáculos para el desarrollo, sino la base de una ciudad saludable. Que la naturaleza no es un lujo, sino un derecho. Que el litoral es un bien colectivo cuya protección es un acto de justicia ambiental y de memoria histórica.
En algo coincidimos con el alcalde: El Escambrón es de la gente. Y seguirá siéndolo, a pesar de este proyecto, de su insistencia en defenderlo y de su prisa por ejecutarlo.
San Juan merece una visión que reconozca el valor de lo que la naturaleza nos regaló. Merece un alcalde que escuche de verdad, un gobierno que proteja, no que destruya. Y merece, sobre todo, que El Escambrón siga siendo lo que siempre ha sido: un espacio público, libre y vivo, donde la ciudad se encuentra con el mar sin intermediarios, sin muros y sin multipisos.
- La autora es legisladora municipal del MVC en San Juan.
Sobre Daisy Sánchez
Su labor profesional en el campo del periodismo y la investigación le han merecido varios reconocimientos. Dos de sus libros han sido premiados: "Cita con la Injusticia" y "La que te llama vida: In?
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