Amenaza de una nueva intervención militar en Haití

Amenaza de una nueva intervención militar en Haití

Foto de BBC.

El pasado 1 de enero se cumplieron 218 años de la independencia de Haití. El país abarca una extensión territorial 27,750 Kms. cuadrados, lo que equivale a una tercera parte de la superficie total de La Española. Si lo comparamos con Puerto Rico, es básicamente, tres veces nuestro tamaño.

Su independencia fue declarada el 1 de enero de 1804 luego de una guerra contra Francia iniciada en 1793. Haití es la primera nación en todo el Hemisferio americano donde los esclavos lograron abolir el sistema esclavista por acción propia y revolucionaria y el lugar donde, previo a su derrota definitiva en el continente europeo, fue vencido el ejercito napoleónico.

La isla de la Española fue visitada por Cristóbal Colón durante su primer viaje. Indican los historiadores que sus naves arribaron a sus costas en diciembre de 1492. En 1665 Francia reclamó formalmente el dominio sobre  la porción occidental de la Isla denominándola Saint-Domingue. Al cabo de 30 años, España cedió a Francia dicha porción de la isla. Bajo la dominación francesa, Haití se convirtió en una de las colonias más ricas del mundo y la de mayor beneficio económico para Francia en el Caribe. Al finalizar en 1789 la guerra de independencia de las Trece Colonias, Haití suplía gran parte del azúcar a escala global.

En  ese mismo  año se produjo también la Revolución Francesa y con ella, la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esta Declaración, sin embargo, no era extensiva a la población negra y esclava de las colonias francesas. Indica Aline Helge en su libro ¡Nunca más esclavos! Una historia comparada de los esclavos que se liberaron en las Américas, que el primer indicio de revueltas en las colonias francesas se manifestó antes de la llegada de las noticias sobre la toma de la Bastilla en París el 14 de junio de 1789, y no fue en Saint-Domingue, sino en Martinica, “una pequeña isla poblada por 90,000 habitantes, de los cuales el 83% estaban esclavizados, el 12% eran blancos y menos del 6% eran libres de color.”

El 22 de agosto de 1791, siguiendo el modelo de la Revolución Francesa, inspirada por un esclavo y sacerdote vudú de origen jamaiquino de nombre Boukman, se inicia en la parroquia de Acul el grito de libertad que lleva al desarrollo de la lucha armada que, tras 12 años, culmina con la proclamación de la independencia el 1 de enero de 1804.

Luego de la rebelión inicial, se sucedieron múltiples actos insurreccionales y sublevaciones de esclavos en las plantaciones. François  Dominique Toussaint L’Ouverture asumiría el liderato del proceso independentista convocando el 4 de febrero de 1794 a una Convención Nacional que proclamó la abolición sin indemnización de la esclavitud. Sin embargo, el decreto abolicionista no cambió en lo fundamental las condiciones de trabajo, pues los códigos de trabajo les convertían, de esclavos en “cultivadores” (cultivateurs), sujetos a condiciones semi esclavas de trabajo. Más adelante, Jean Jaques Dessalines, segundo al mando de L’Ouverture, junto a otro oficial de apellido Rigaud, militarizaron el trabajo agrícola. En este nuevo régimen, el ciudadano haitiano era trabajador o soldado, llegando a agrupar bajo esta última categoría cerca del 10% de la fuerza de trabajo. La insatisfacción que provocó el mandato de L’Ouverture llevó a una conspiración militar que incluyó su asesinato.

Tras diferentes luchas internas, que enfrentaron en la isla de la Española a haitianos, españoles e ingleses, el 29 de enero de 1802 desembarca en Haití una fuerza expedicionaria francesa transportada en 50 embarcaciones, compuesta por 22 mil soldados y 20 mil marineros a cargo del General Charles Leclerc, cuñado de Napoleón Bonaparte. Leclerc retoma el control del territorio restableciendo a partir del 20 de mayo de 1802 la esclavitud en Haití. Este hecho da paso a una nueva rebelión de la población negra. Para mayo de 1803 se produce la “Convención de Arcahaie”, donde se unen negros y mulatos, creando la bandera haitiana. La misma sigue el patrón de los colores de la bandera francesa, aunque no en la posición vertical de sus colores, eliminando su parte blanca. Se indica que lo anterior simbolizaba la eliminación de los blancos, fundiendo en sus colores azul y rojo la unión entre negros y mulatos.

Tras su derrota el 18 de noviembre de 1803,  luego de perder la vida 5 de cada 6 soldados enviados a Haití, Francia decidió abandonar el  29 de noviembre el territorio haitiano. Jean Jaques Dessalines pasará a ser el primer gobernante de la nueva república proclamándose “gobernador general vitalicio” y luego, nueve meses después, como el emperador Jaques I.

El estado de devastación en que quedó el país, incluyó la destrucción de su principal industria, la explotación de la caña de azúcar y con ella de su comercio internacional.

Se indica que al asumir su condición como monarca, Dessalines ordenó la matanza de todas las personas blancas en el país, propiciando así la muerte de entre 3 mil a 5 mil personas de todas las edades y género. El costo humano del conflicto se refleja, además, en el número de esclavos que había al comienzo  y al final de la lucha.  Nos dice Aline Helg en su libro:

“… De los 500,000 esclavos africanos y criollos, por lo menos 100,000, sobre todo hombres, habían muerto de modo violento, por hambre o a causa de une enfermedad. En 1805, la población total de Haití no se estimaba sino en 380,000 habitantes, es decir, una disminución de cerca de un tercio con respecto a 1790.”

Señala el texto, con agudo juicio crítico, que de todos los jefes rebeldes que pelearon consecuentemente desde 1802 contra la restauración francesa, sólo uno, un “criollo mulato” de nombre Cangé, figuró en la firma de la Declaración de Independencia de Haití el 1 de enero de 1804. Los otros, indica, “con Dessalines al mando, habían colaborado en algún momento con la expedición de Lecrerc. Ninguno de ellos era africano superviviente de la trata de negros, ninguno había conocido la condición de esclavizado de plantación. Sí algunos habían sido esclavos de élites antes de ser emancipados y de hacer una carrera militar; la mayoría de los firmantes eran mulatos, a veces procedentes de familias de plantadores esclavistas y educados en Francia. Así pues, tenían intereses contradictorios y esto conduciría a fracturas internas.” Menciona además, “de la manera más funesta”, que todos  coincidían en “construir una nación en la cual los antiguos esclavos africanos y criollos de las plantaciones y sus descendientes continuaran siendo marginados y explotados  por las nuevas élites militares y mulatas.”

Un año y medio luego de Dessalines proclamarse emperador, fue asesinado dando su muerte paso a nuevas luchas internas. El país quedó dividido entre dos caudillos militares: uno al norte con Henri Christophe; y otro al sur, Alexandre Pétion; el primero adoptando un modelo de régimen monárquico y el segundo republicano. Un nuevo dirigente de nombre Jean Pierre Boyer, logró más adelante unificar ambas porciones del territorio haitiano comenzando así, en esta nueva etapa, la unificación de Haití con la parte aún española de la porción oriental de la Isla.

Nos dice por su parte un artículo de la redacción de BBC News del 30 de diciembre de 2018, titulado La multimillonaria multa que Haití le pagó a Francia por convertirse en el primer país de América Latina en independizarse, que la ferocidad del nuevo país hacia la población blanca propició no sólo la falta del reconocimiento de Haití como país independiente por parte de las potencias europeas, sino que ya para el 17 de abril de 1825, ante tal falta de reconocimiento, el nuevo presidente haitiano Pierre Boyer, con miras a lograr el reconocimiento por parte de Francia firmó la denominada “Real Ordenanza de Carlos X” donde, a cambio de tal reconocimiento, Haití se obligaba al pago de un arancel del 50% de reducción a las importaciones francesas y una indemnización de 150,000,000 francos, equivalentes hoy a $21,000 millones. Con dicha suma, Haití compensaba a Francia por la pérdida de propiedades de nacionales franceses en su territorio, como también de sus esclavos. Cuando se comparan los ingresos anuales del gobierno haitiano, la suma convenida excedía 10 veces la capacidad haitiana para la generación de ingresos.

Helg indica en su libro que Francia no solo se encargó de promover el aislamiento diplomático de Haití, “entregándola a las órdenes de los comerciantes estadounidenses y europeos, sino que luego de Boyer alcanzar la reunificación de Haití, en 1825 el “rey de Francia Carlos X envió catorce buques armados de cientos de cañones para obligar al presidente haitiano, Jean-Pierre Boyer a firmar la paz según los términos franceses.”

Bajo este acuerdo leonino, Haití debió solicitar de un banco francés un préstamo por 30,000,000 francos de los cuales de dedujeron 6,000,000 en comisiones quedando un sobrante de 24,000,000 de francos. De esta manera, Haití quedó a la merced económica de los franceses hasta el año 1947, 122 años después, cuando terminó de pagar la deuda contraída. En ese período y más allá del mismo, el país quedó sumido en una gran pobreza y subdesarrollo.

Esta afrenta histórica de proclamar su independencia frente a las fuerzas imperiales, le ha costado mucho al pueblo haitiano. Las potencias imperialistas, particularmente Francia, nunca perdonaron al pueblo haitiano la derrota infligida a la principal fuerza militar de entonces, las tropas napoleónicas, ni la eliminación por la vía revolucionaria del régimen esclavista.

Haití sigue siendo hoy uno de los países más pobres del mundo, con bajos índices de educación reflejados en un 85% de analfabetismo; pobre salud y baja expectativa de vida. Con una población estimada en más de 11.3 millones, el 90% vive en condiciones de pobreza sobreviviendo con un ingreso diario equivalente a $1.00 o menos la mayor parte. Es el país con la renta per cápita mas baja en las Américas y el país más pobre a nivel hemisférico. Conforme al Índice de Desarrollo de las Naciones Unidas, Haití tiene la posición número 145 en pobreza, donde según los datos, el 50% de su población vive en pobreza extrema.

La destrucción de su medio ambiente,  donde la desforestación del país ha ocasionado que su suelo montañoso y sus llanuras sean hoy tierras estériles; la violencia; la falta de oportunidades de empleo; la destrucción de su estructura productiva; el narcotráfico, la falta de gobernabilidad y la corrupción gubernamental, hacen de Haití un país con serias deficiencias de viabilidad. De hecho, la situación haitiana vino a empeorar como resultado del terremoto acaecido el 12 de enero de 2010, que cobró la vida de más de 300 mil personas, 350 mil heridos y 1.5 millones de damnificados. A este desastre natural se suma, además, la destrucción de la infraestructura urbana del país y del transporte; las consecuencias de constantes impactos de huracanes; y las graves inundaciones ocasionadas por fuertes lluvias que han desolado importantes áreas geográficas.

Uno de los elementos que ha propiciado la corrupción en Haití ha sido la protección recibida por las potencias imperiales de gobernantes que a lo largo de décadas han consolidado un poder político, económico y militar precisamente al amparo de los propios estados imperialistas. Tal fue el caso de la Dictadura de François Duvalier, impuesta tras el derrocamiento del presidente Paul Eugène Magloire; y más adelante la prolongación de su dictadura a través de  su hijo Jean-Claude Duvalier entre 1957 y 1986. Es también el período de fortalecimiento de los estamentos militares pro oligárquicos, educados en la Escuela de las Américas, todos ellos legados históricos a partir de la ocupación estadounidense de Haití por parte de Estados Unidos durante los años 1915 a 1934. De hecho, durante este período  de casi dos décadas, Haití permaneció ocupado militarmente por los Estados Unidos

Gran parte de la ayuda humanitaria enviada a Haití por organismos internacionales para atender las condiciones materiales de su población no llegan a sus manos en forma gratuita sino que son interceptadas en algún punto por sectores corruptos de una élite dedicada al comercio que los distribuye tanto en el mercado formal como en las calles a través de la economía informal para beneficio propio. Un mercado natural dada su condición geográfica como es la República Dominicana, está también marcado por serías asimetrías. Mientras cada vez más empresarios dominicanos invierten recursos en Haití sobreexplotando su fuerza de trabajo en la producción de artesanías y producción manufacturera pagada a precios irrisibles y desarrollada esa producción en condiciones de semi esclavitud, en República Dominicana, donde emigran miles de haitianos anualmente, se les discrimina racialmente y se les explota a niveles insospechados.

Sin embargo, los problemas de Haití van mucho más allá de estos datos históricos. Si en Haití a la altura del Siglo XX se habían impuesto dictaduras, en muchas ocasiones sino todas, en tales dictaduras estuvo presente la mano oculta del gobierno de los Estados Unidos y sus agencias de seguridad. Si en Haití a las alturas del Siglo XXI se exhiben gobiernos que no procuran atender los mejores intereses del pueblo haitiano, es también como resultado de la complicidad y en ocasiones gestión directa de los Estados Unidos y su control sobre organismos regionales como es la Organización de Estados Americanos.

A un año de haberse cumplido el pasado 14 de agosto el primer aniversario del segundo terremoto en la porción sureste del país, sismo con una intensidad de 7.2 grados en la Escala Richter que dejara una secuela de más de 2,200 muertos, 12 mil heridos y 800 mil damnificados, se suman los factores de inestabilidad política, violencia desenfrenada por gangas criminales, la inseguridad alimentaria para más de 4.5 millones de sus habitantes y una inflación ascendente a 26%. A los datos antes mencionados, podemos añadir, entre otros, los cientos de miles fallecidos como resultado del terremoto de 2010 y las víctimas del Huracán Mathews en el 2016.

El 7 de julio de 2021, a eso de la 1:00 a.m. fue asesinado el entonces presidente de Haití, Jovenel Moïse.  Nominado por el presidente renunciante Michel Martelly como candidato a la presidencia del país por el Partido Haitiano Tèt Kale (PHTK), en las elecciones efectuadas el 15 de octubre de 2015, en las que participó sólo el 21% de los electores, Moïse recibió el 6% de los votos, calificando para una segunda vuelta. Ésta fue pospuesta en dos ocasiones provocando así grandes protestas. Tras un vacío de poder, el 27 de noviembre de 2016 funcionarios electorales declararon ganador a Moïse.

La situación de desgobierno en Haití es tal que su sistema de justicia está virtualmente inactivado; las elecciones parlamentarias llevan varios años sin que se hayan celebrado, permaneciendo en sus posiciones sólo 10 senadores.

El sistema de salud en Haití está colapsado. Ha sido gracias a la presencia de 512 colaboradores internacionales cubanos junto a más de 600 médicos haitianos  becados y graduados en la Escuela Latinoamericana de Medicina en Cuba, quienes básicamente atienden las necesidades de gran parte de la población.

El nivel de violencia callejera en el país, donde entre 2021 y 2022 han muerto más de 300 personas, en alguna medida nos la ilustra el reciente Informe de la Red Nacional de Defensa de los Derechos Humanos de Haití.  De acuerdo con TELESUR, tan sólo en el mes de julio, 52 mujeres haitianas fueron colectivamente violadas en enfrentamientos entre pandillas. Entre ellas se encuentran 12 mujeres entre las edades de 18 a 25 años; 38 entre los 26 y 49 años; una mujer de 55 años y otra menor de 14 años. El Informe indica que 20 de estas mujeres fueron violadas en presencia de sus hijos, una de ellas en presencia de sus padres y otras dos en presencia de sus esposos. También indica que en 6 casos, estas mujeres tuvieron que presenciar la ejecución de sus esposos antes de ser violadas;  y cuatro fueron violadas estando embarazadas.

El pasado 24 de septiembre el Ministro de Asuntos Exteriores de Haití, Jean Víctor Genaus  reconoció la grave crisis que vive Haití, indicando que sólo puede resolverse tal crisis “con el apoyo efectivo de nuestros socios.” Dos días antes el periódico Washington Post en un editorial clamaba por “una acción contundente por parte de actores externos”, mientras que el 15 de octubre Estados Unidos y Canadá anunciaban en un comunicado conjunto el envío de aviones militares para entregar armamento a los servicios de seguridad haitianos. Ese mismo día los Estados Unidos presentaban ante el Consejo de Seguridad de la ONU el  envío a Haití de una “fuerza multinacional de acción rápida.”

De acuerdo con Vijay Prashad en su escrito titulado Alerta Roja: ¡No a la intervención militar en Haití! publicado en la página electrónica Rebelión, desde el 2022 se ha venido desarrollando en este país “una insurrección popular” que encuentra sus raíces “en la respuesta a la crisis social desarrollada por los golpes de Estado de 1991 y 2004, el terremoto de 2010 y el huracán Mathew de 2016.” Ya entre 2004 y 2017 estuvo presente en Haití  una fuerza  militar multinacional similar enviada por la ONU como una misión de estabilización, (MINUSTAH), que no resolvió la situación en el país

Las opciones planteadas para Haití por los organismos internacionales se reducen a una intervención armada y militar para restauran el orden en el país. Haití lo que necesita es un esfuerzo solidario coordinado, no militar, que restaure el orden en el país acompañado de la suficiente ayuda material, económica, alimentaria, como también en el orden de la salud y la educación, que ayude a rehabilitar al país y lo coloque en la ruta de la superación de los males que hoy padece. Una nueva intervención militar tan sólo traerá mayores males e inestabilidad al pueblo haitiano.


Sobre Alejandro Torres Rivera
Alejandro Torres Rivera


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